Ruta gastronómica por Oviedo para los días del festival

Cuando el calendario marca las fechas del festival, Oviedo cambia de pulso. Las salas de cine y los teatros reciben a un público diverso, las calles se llenan de conversaciones y los restaurantes amplían sus horarios. La Semana del Audiovisual Contemporáneo transforma la ciudad en un escenario donde la cultura y la mesa comparten protagonismo. Quienes llegan para asistir a las proyecciones descubren que la experiencia no termina en la butaca: continúa en cada plato servido en un comedor ovetense.

La gastronomía asturiana tiene personalidad propia y Oviedo condensa esa identidad en una oferta que va desde la sidra escanciada al momento hasta los guisos más reconfortantes. La cocina local se construye sobre productos de cercanía: fabes de la huerta, pescados del Cantábrico, carnes de los valles y quesos con denominación de origen. En los días del festival, ese repertorio se disfruta con un ritmo distinto, marcado por las colas en las sidrerías tras una sesión y por las cenas tardías de quienes alargan la velada.

Recorrer Oviedo con el programa en la mano permite alternar proyecciones, conciertos y exposiciones, muchas con entrada libre. La ciudad invita a caminar entre el Campoamor, el casco antiguo y los espacios contemporáneos, deteniéndose en mercados históricos, bares centenarios y restaurantes de autor. Cada manzana guarda un secreto culinario, y la mejor manera de descubrirlos es diseñar una ruta que respete los horarios del festival y los tiempos del paladar.

Esta propuesta combina direcciones imprescindibles, paradas para picar algo entre actos y recomendaciones para compartir. Es una forma de entender la cultura desde lo cotidiano, dejándose llevar por los sabores que definen a Oviedo.

Oviedo se viste de festival

La Semana del Audiovisual Contemporáneo despliega su programación por toda la ciudad. El Campoamor, los cines Yelmo y el espacio de La Vega acogen proyecciones, mientras otros recintos programan ciclos paralelos, conciertos y piezas escénicas que mezclan formatos. Se organizan coloquios, presentaciones y actividades formativas que convierten Oviedo en un hervidero de propuestas durante varios días.

Uno de los atractivos más singulares de esta edición es la confluencia entre disciplinas. El programa incluye una propuesta escénica que cruza cine y teatro con resultados inesperados, lo que amplía el abanico de horarios y obliga a planificar con cuidado. Esa densidad de actividades invita a moverse a pie y a buscar establecimientos que ofrezcan menús rápidos o cenas tardías, algo que la hostelería ovetense ya tiene asumido.

El festival también cuenta con espacios para el público familiar, sesiones matinales dedicadas a la infancia y proyecciones pensadas para introducir a los más pequeños en el lenguaje audiovisual. La programación diurna se complementa con talleres y actividades educativas que comparten horario con las primeras comidas. Quienes viajan con niños agradecen poder combinar la visita cultural con menús infantiles bien resueltos.

Sidrerías y la cultura de la sidra

La sidra es la gran compañera de cualquier jornada gastronómica en Asturias. En Oviedo existen sidrerías con décadas de historia, donde la bebida se escancia siguiendo el ritual tradicional: brazo en alto, botella inclinada y un chorro fino que rompe contra el cristal. El sonido del culín al impactar contra la mesa marca el ritmo de las sobremesas y se convierte en banda sonora de cualquier celebración, incluido un festival de cine.

Las sidrerías suelen ofrecer un menú centrado en tortilla, cachopo, pinchos, embutidos y el clásico menú de la casa. Comer en estos establecimientos requiere tiempo: la sidra se escancia a demanda, los platos llegan poco a poco y la conversación se alarga. Para quienes asisten a una proyección vespertina, la visita a una sidrería a primera hora de la tarde es una excelente manera de cargar energía sin prisas.

Algunos espacios recomendados para empaparse de esta cultura:

Muchas sidrerías cierran por descanso semanal o agotan producto en días señalados, por lo que conviene reservar o llegar con margen.

Platos clásicos de la cocina asturiana

Una ruta por Oviedo sin probar los grandes clásicos sería un error imperdonable. La fabada asturiana, con sus compangos bien curados, representa la identidad de la región en cada cucharada. El cachopo, dos filetes empanados con jamón y queso, se ha convertido en seña de identidad ovetense y aparece en prácticamente todas las cartas. El arroz con leche, cremoso y dorado en su superficie, pone el broche dulce a cualquier comida.

Otros platos de obligada referencia son el pixín a la sidra, la merluza del Cantábrico, los pimientos de Padrón y las croquetas de compango. Para quienes prefieren opciones más ligeras, las ensaladas de temporada con queso de cabrales desmenuzado o las tablas de embutidos locales funcionan como entrante perfecto.

Una selección de imprescindibles para una mesa asturiana:

Mercados, producto local y sabores de la tierra

El Mercado del Fontán es el corazón gastronómico de Oviedo. Edificado en el siglo XIX, conserva una estructura de hierro y cristal que invita a detenerse. En sus puestos se venden pescados, mariscos, carnes, frutas y una enorme variedad de quesos asturianos: cabrales, gamonéu, afuega'l pitu, los beyos. También permite tapear en sus barras, donde se sirven desde ostras hasta raciones de pulpo.

Alrededor del mercado se concentran tiendas de ultramarinos, confiterías y pequeños obradores que mantienen viva la artesanía alimentaria. Los horarios del festival suelen coincidir con los del mercado, lo que permite hacer una parada a media mañana para un vermut o un café con bizcocho antes de la siguiente sesión. Es habitual cruzarse con cocineros locales comprando género, lo que añade color a la visita.

En este contexto, merece la pena conocer el trabajo de proyectos educativos que conectan la cultura con la infancia y la educación. Recordar la vertiente más humana de la oferta cultural ayuda a dimensionar el alcance de eventos como los que acoge la ciudad. La recomendación es sencilla: dedicar al menos una mañana a perderse por los pasillos del Fontán y dejarse guiar por el olfato.

Bares de tapeo y vida nocturna

El tapeo forma parte del ADN ovetense. Recorrer las calles del casco histórico, especialmente la zona de La Escandalera, Gascona y parte de la calle Jovellanos, permite descubrir bares con personalidad propia. En cada uno se sirve una tapa diferente con la consumición, lo que convierte la ruta en una sucesión de pequeñas sorpresas gastronómicas. Desde la clásica tapa de tortilla hasta originales montados con productos locales, la oferta es amplia y cambiante según la temporada.

La noche ovetense durante el festival adquiere un aire especial. Tras la última sesión, los bares prolongan su apertura y es fácil encontrar aforos animados donde se comenta lo visto en pantalla. La sidra fluye, las raciones se comparten y la conversación salta de la película a la política. En estas horas, locales como La Taberna del Ferro, el Bar Casa Tino o La Sien se llenan de público heterogéneo que mezcla espectadores, profesionales y vecinos.

Para quien guste de profundizar en el lado cultural del fenómeno, algunas reflexiones paralelas analizan cómo la cultura pop y las modas actuales afectan a la oferta de ocio. Resulta estimulante para entender por qué ciertos bares han actualizado su estética sin perder la esencia de siempre.

Dulces, meriendas y descanso entre sesiones

Una jornada de festival se prolonga fácilmente desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la madrugada. Entre medias, el cuerpo pide pausas. Oviedo cuenta con una larga tradición de confiterías, pastelerías y obradores donde reponer fuerzas con un café y un dulce. Los bollos preñaos, las carbayonas, los frixuelos y la tarta de queso forman parte del recetario local y aparecen en casi cualquier escaparate del centro.

Direcciones recomendables son la Confitería Rialto, la Pastelería Álvarez y la Tahona San Martín, todas con décadas de historia. En ellas se degustan dulces de siempre y creaciones contemporáneas, elaboradas con mantequilla y harina de calidad. Acompañados de un café con leche o chocolate, son el mejor antídoto contra el cansancio.

Para quienes asisten al festival en familia, conviene recordar que el programa incluye actividades familiares pensadas para hacer la visita más llevadera. Después de un cuento o un cine sensorial, nada mejor que una merienda en una de estas confiterías, donde los niños pueden elegir entre bizcochos, natillas o un simple vaso de leche. Es la forma perfecta de cerrar una jornada cultural integrando a toda la familia.

La ruta propuesta es solo una invitación. Oviedo guarda más rincones, mercados y sidrerías esperando ser descubiertos. Quien se anime a visitarla durante el festival debería consultar la programación completa, porque la oferta gastronómica cambia de un año a otro.

Reservar con antelación marca la diferencia, sobre todo en fin de semana. Llevar calzado cómodo y tener localizadas las direcciones clave hará que cada jornada fluya sin agobios. Oviedo, sus cocinas y sus pantallas están listas para recibir a quien quiera sumergirse en ellas.