Diálogos en escena: entrevista al director de la obra audiovisual

La Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo se ha consolidado como un punto de encuentro para creadores que exploran los límites entre disciplinas. En esta edición, la programación incorpora una propuesta singular: una obra de teatro donde la imagen proyectada conversa con el cuerpo del actor, generando un lenguaje escénico híbrido. Conversamos con su director sobre los retos y hallazgos de este formato, con la intención de acercar al público las claves de una creación que promete despertar los sentidos.

El escenario se transforma en una superficie viva cuando la cámara, el archivo fílmico y la actuación en directo coinciden en un mismo espacio. El festival celebra esa convergencia a través de sesiones que invitan al público a repensar la relación entre lo cinematográfico y lo teatral. La entrevista que sigue profundiza en las decisiones estéticas y técnicas que dan forma a este montaje, ofreciendo una mirada íntima al proceso creativo.

El diálogo entre artes visuales y escénicas no es nuevo, pero su tratamiento contemporáneo exige herramientas narrativas renovadas. El director de esta pieza combina cine mudo, música en vivo y dramaturgia actual para construir una experiencia sensorial completa. Sus respuestas iluminan el oficio detrás de un proyecto que apuesta por la experimentación sin renunciar a la emoción, y revelan las tensiones creativas que acompañan toda búsqueda genuina.

El nacimiento del proyecto y la elección del formato

La idea inicial surgió tras varios años de investigación sobre cómo el cine de los orígenes dialogaba con la música en directo. El director recuerda que el primer impulso fue recuperar esa tradición de acompañamiento sonoro que marcó las proyecciones del siglo XX, pero llevándola hacia un terreno donde el intérprete dejara de ser mera figura y se convirtiera en narrador. Esa búsqueda lo llevó a concebir un montaje donde actores, músicos y proyecciones funcionan como una sola entidad, capaz de sostener la atención del espectador contemporáneo.

El formato elegido combina secuencias de archivo con fragmentos rodados específicamente para la pieza. Esta mezcla permite que la dramaturgia respire entre lo encontrado y lo creado, abriendo capas interpretativas que un filme convencional difícilmente podría ofrecer. El resultado es una obra que exige al espectador activar su mirada, atento a los matices del montaje paralelo. La duración total, calculada para mantener la intensidad sin fatigar, ronda los setenta minutos y permite varios estados emocionales sin precipitarse.

La génesis del proyecto también pasó por largas conversaciones con dramaturgos, cineastas y músicos. El equipo creativo partía de la premisa de que ningún lenguaje debía subordinarse a otro. Esa voluntad de equilibrio se tradujo en ensayos donde se probaban distintas velocidades narrativas, escalas de proyección y posiciones del cuerpo en escena hasta dar con una cadencia propia. La influencia de formatos breves, como los que suelen reunirse en ciclos de recortos contemporáneos, dejó una huella clara en la estructura fragmentada del montaje.

La fusión sensorial entre imagen, sonido y cuerpo

Cuando la imagen proyectada dialoga con el cuerpo del actor, surge una tercera forma de expresión que no pertenece del todo al cine ni al teatro. El director explica que su trabajo consiste precisamente en habitar ese territorio intermedio, donde la luz puede ser escenario y el cuerpo puede ser pantalla. Cada decisión técnica busca amplificar esa condición híbrida, sin subrayar artificialmente los momentos en los que ambos lenguajes se cruzan.

El diseño sonoro ocupa un lugar central en la construcción de esta atmósfera. Compositores y músicos en directo trabajan con motivos que a veces subrayan la acción y otras veces la desbordan. Esa tensión entre acompañamiento y contrapunto genera una escucha activa, similar a la que se vive en los conciertos con imagen del propio festival. El director busca que el público perciba cada capa como un componente vivo, susceptible de transformar el sentido de lo que ocurre en escena.

La iluminación y la cinematografía tampoco funcionan como meros recursos decorativos. Los movimientos de cámara, los enfoques selectivos y los cambios de escala dialogan con el desplazamiento de los actores, de modo que el espectador experimenta un verdadero montaje en directo. Esa es, según el creador, la mayor recompensa del formato: la posibilidad de editar el tiempo y el espacio en tiempo real, ante los ojos del público, sin la mediación de una sala de montaje convencional.

Elenco, dramaturgia y construcción de personajes

Elegir al reparto fue una de las decisiones más delicadas del proceso. El director necesitaba intérpretes cómodos tanto en la escena física como ante la cámara, capaces de sostener la intensidad de un plano cerrado sin renunciar a la presencia corporal. El casting incluyó actores con experiencia teatral y otros provenientes del audiovisual, con el propósito de sumar sensibilidades distintas que enriquecieran la lectura del material y aportaran texturas imprevistas.

La escritura del texto partió de imágenes, no de palabras. El director y su equipo construyeron primero una secuencia visual aproximada y luego dejaron que el diálogo emergiera de la relación entre los planos. Este método invierte la lógica habitual de la dramaturgia, pero permite que la palabra nazca cargada de sentido cinematográfico. El resultado es un texto que suena distinto, más rítmico y quebrado, como si cada frase hubiera sido editada antes de ser pronunciada en escena.

Los personajes también se construyen a partir de la dualidad que propone el formato. Algunos aparecen en proyecciones de archivo como figuras históricas y luego reaparecen en escena bajo otra piel, generando un juego de espejos que invita a reflexionar sobre la memoria y la identidad. Esa estructura coral obliga a los intérpretes a habitar múltiples registros emocionales sin perder coherencia interna, en un ejercicio que el director compara con la construcción musical a varias voces.

La conexión con la programación del festival

La obra encuentra su lugar natural dentro de una programación que celebra el cruce entre lenguajes. El festival, conocido como lasema entre su público, ha construido a lo largo de los años una identidad basada en la experimentación audiovisual. Incorporar un montaje de estas características responde a esa línea curatorial coherente que apuesta por propuestas difíciles de clasificar y por formatos donde la audiencia deja de ser pasiva.

El diálogo con el resto de la programación tampoco es casual. Las proyecciones comentadas, los conciertos con imagen y los cortometrajes que conviven con el teatro comparten con esta obra una misma preocupación por la percepción. El director reconoce que esa vecindad temática enriquece la experiencia del espectador, que puede percibir ecos entre las distintas sesiones y tejer sus propias conexiones a lo largo de los días del festival.

Esa sintonía entre piezas se percibe especialmente cuando se asiste a varias funciones seguidas. La curaduría del evento parece pensada para que el público construya una mirada propia, capaz de vincular un cortometraje experimental con una sesión de teatro audiovisual. El director celebra esa voluntad programática, convencido de que el festival cumple una función pedagógica cuando invita a sus asistentes a perder el miedo ante los formatos menos convencionales y a confiar en su propia sensibilidad.

Futuro del proyecto y aprendizajes del proceso

Tras el estreno en Oviedo, el montaje tiene previsto un recorrido por otros escenarios nacionales e internacionales. El director anuncia que la siguiente parada será una adaptación específica para espacios no convencionales, donde la proyección pueda escalar a fachadas y edificios. Esa versión expandida conserva el núcleo dramatúrgico, pero multiplica las posibilidades del encuentro entre cuerpo y arquitectura.

Los aprendizajes acumulados durante los meses de ensayo ya están transformando otros proyectos del equipo. El método de escritura a partir de la imagen se ha incorporado a un nuevo cortometraje que verá la luz en los próximos meses. Asimismo, la experiencia de colaboración estrecha con músicos en vivo ha inspirado una serie de instalaciones sonoras pensadas para ser habitadas por el público, en las que la imagen se vuelve un eco y el sonido se vuelve protagonista absoluto del espacio.

El director también subraya que esta obra le ha confirmado algo que intuía desde hace tiempo: el espectador contemporáneo está preparado para experiencias complejas, siempre que se le invite con honestidad y sin concesión. Esa confianza en la inteligencia del público es, quizá, el legado más valioso de un montaje que entiende la escena como un espacio de pensamiento compartido y no como simple entretenimiento decorativo.

Recomendaciones para acercarse a la obra

Acompáñanos en esta cita con el teatro audiovisual contemporáneo y descubre por qué la escena se reinventa cuando se cruza con la imagen. Reserva tu entrada, comparte la experiencia y forma parte de un encuentro que seguirá latiendo mucho después de bajado el telón.