Nuevas tecnologías en el audiovisual: panorama de obras inmersivas
La Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo se ha consolidado como una cita de referencia para quienes buscan entender hacia dónde se mueve el lenguaje audiovisual. Cada edición del festival combina cine clásico restaurado, propuestas contemporáneas y experiencias que ensayan formatos todavía en construcción. En ese cruce aparece con fuerza la obra inmersiva, un territorio donde la tecnología deja de ser herramienta para convertirse en materia narrativa.
El término inmersivo ha circulado con tanta libertad que conviene volver a preguntarse qué designa. En el contexto del audiovisual actual, engloba desde instalaciones de realidad virtual hasta conciertos visuales, pasando por piezas site-specific que modifican la percepción del espacio. Lo que comparten estas prácticas es una intención común: situar al espectador dentro de la obra, convertirlo en participante y desplazar la frontera entre mirar y habitar.
Asturias, y muy especialmente Oviedo, cuenta con una tradición reciente de experimentación audiovisual. La programación de Semana Saco integra cada año estas nuevas gramáticas con el cine de autor, el cortometraje y el formato silencioso con música en directo. Esa mezcla permite observar cómo la tecnología enriquece el relato sin sustituir la mirada crítica, y prepara el terreno para una conversación informada sobre lo que viene.
Del espectador pasivo a la presencia corporeizada
Durante décadas, la experiencia cinematográfica se ha construido alrededor de la butaca, la pantalla y la suspensión temporal del disbelief. Las nuevas tecnologías en el audiovisual rompen ese contrato. Cuando un visitante se coloca unas gafas de realidad virtual o entra en una sala donde varios proyectores cubren las paredes, deja de observar para convertirse en cuerpo presente. La imagen ya no se contempla, se recorre.
Esta transformación afecta a la propia estructura del relato. Las obras inmersivas suelen sustituir la trama lineal por recorridos, bifurcaciones o tiempos simultáneos. Algunos creadores trabajan con ramificaciones narrativas que cambian según la posición del público; otros prefieren experiencias contemplativas, casi meditativas, donde el tiempo se dilata para que el espectador decida dónde fijar la atención. La tecnología, en estos casos, se pliega a una poética del encuentro.
El festival ovetense ha explorado esa dirección en varias de sus secciones, con piezas que invitan a caminar, mirar alrededor o esperar. La inmersión, como se entiende hoy, no depende tanto del dispositivo como de la voluntad de hacer partícipe al público. Cuando eso ocurre, la sala se convierte en un lugar distinto y la frontera entre sala y escenario desaparece.
Realidad virtual y cine envolvente
La realidad virtual lleva años prometiendo un cine distinto, y los resultados comienzan a ser dignos de atención. Las cabeceras de los visores han evolucionado hasta ofrecer resoluciones y frecuencias de refresco capaces de sostener sesiones largas sin fatiga visual. Eso ha permitido que las narrativas de ficción se asienten en el formato, dando lugar a cortometrajes, documentales y series que aprovechan la cámara libre para construir espacios verosímiles.
En paralelo, el llamado cine en 360 grados vive una segunda juventud. Producciones pensadas para plataformas de streaming o salas equipadas con proyección envolvente demuestran que no hace falta un visor para generar sensación de presencia. La composición espacial, el sonido binaural y la gestión de la atención del espectador sustituyen al montaje clásico. El director ya no piensa en planos fijos sino en puntos de vista posibles.
La Semana Saco dedica parte de su cartelera a esta clase de propuestas, reconociendo que la exhibición inmersiva exige pantallas adaptadas, programadores especializados y públicos dispuestos a experimentar. La sección VR del festival funciona como una pequeña ventana a un ecosistema creativo en plena ebullición, donde cada año se descubren lenguajes nuevos.
Cine expandido y performance audiovisual
El cine expandido nace de la voluntad de desbordar la pantalla. Proyecciones sobre superficies no convencionales, esculturas lumínicas, instalaciones sonoras y directos audiovisuales forman parte de una tradición que combina artes plásticas, música y cinematografía. En una pieza expandida, la imagen se mueve, se fragmenta, se superpone, y la sala se transforma en escenario.
La performance audiovisual, por su parte, integra la presencia física de artistas en escena. Músicos, bailarines o performers interactúan con proyecciones en tiempo real, generando partituras visuales que nunca se repiten igual. Estos formatos híbridos han encontrado en los festivales un espacio natural para crecer, porque requieren condiciones de exhibición que la sala comercial todavía no ofrece de forma habitual.
Formatos que suelen poblar esta frontera
- Proyecciones mapping sobre fachadas y volúmenes arquitectónicos
- Conciertos visuales con síntesis gráfica en directo
- Instalaciones interactivas que reaccionan al movimiento del público
- Piezas site-specific creadas específicamente para un espacio concreto
Esta clase de propuestas suelen programarse en horarios nocturnos, cuando la oscuridad favorece la lectura de las imágenes. Para quien se acerque por primera vez a estos lenguajes, conviene saber que la mejor disposición es la curiosidad sin expectativas cerradas. La recompensa acostumbra a ser alta.
Inteligencia artificial como herramienta creativa
La irrupción de los modelos generativos ha sacudido el audiovisual de un modo pocas veces visto. Herramientas de generación de imagen, vídeo y sonido a partir de texto han democratizado una fase del proceso creativo que antes requería grandes presupuestos. Eso no ha eliminado la figura del autor, pero sí ha obligado a repensar qué entendemos por autoría, archivo y originalidad.
En el terreno de la imagen en movimiento, la IA permite crear planos difíciles de rodar, reconstruir texturas perdidas o imaginar arquitecturas inexistentes. Algunos directores la utilizan como banco de pruebas visual en preproducción; otros la incorporan como capa estética en la pieza final, dejando que las imperfecciones del algoritmo formen parte del lenguaje. El debate ético y legal está lejos de cerrarse, con cuestiones pendientes sobre derechos de entrenamiento, crédito de autoría y huella de carbono de los modelos.
El festival, consciente de este nuevo escenario, reserva espacios para piezas que dialogan críticamente con la inteligencia artificial. La reflexión colectiva sobre qué papel debe ocupar esta tecnología en la creación contemporánea es tan urgente como la propia experimentación con la herramienta. Se trata, en definitiva, de decidir qué clase de imágenes queremos producir y bajo qué condiciones.
Espacios híbridos entre lo físico y lo digital
La última frontera del audiovisual contemporáneo se sitúa en la convergencia entre sala, instalación y mundo virtual. Las propuestas híbridas combinan objetos reales con capas digitales, escenarios físicos con avatares y cuerpos presentes con imágenes generadas en tiempo real. El público, a menudo, no sabe si lo que tiene delante es materia, luz o dato.
Esta clase de obras plantea retos logísticos importantes. Las producciones inmersivas requieren equipos multidisciplinares, programadores, diseñadores de sonido espacial y, con frecuencia, técnicos especializados en hardware. Por eso los festivales, con su infraestructura compartida, se han convertido en el caldo de cultivo natural para estos experimentos. Sin esa red de apoyo, muchas piezas simplemente no llegarían a ver la luz.
Líneas que guían la programación inmersiva reciente
- Narrativas ambientales donde el argumento cede paso al estado de ánimo
- Memorias reconstruidas a partir de archivos fotográficos y sonoros
- Simulaciones de ecosistemas futuros o pasados con base científica
- Experiencias colectivas donde varias personas comparten un mismo espacio virtual
La Semana del Audiovisual Contemporáneo seguirá explorando este horizonte en sus próximas ediciones, con la convicción de que el cine, en su sentido más amplio, sigue reinventándose. Quien visite Oviedo durante el festival podrá acercarse a piezas inmersivas, pero también recorrer el ciclo de sátira política contemporánea que completa la programación. Reserva unos días, consulta el programa y déjate llevar por las pantallas que vendrán.