Conversación con el director de la película inaugural de Semana Saco

La película inaugural ocupa un lugar especial en cualquier festival: abre una ventana hacia el tono de la programación, marca un ritmo compartido y propone una primera forma de mirar. En Semana Saco, ese gesto adquiere una dimensión particular, porque el cine dialoga con la música, el teatro, la realidad virtual, la creación sonora y otras disciplinas que amplían la experiencia audiovisual en Oviedo.

Con motivo de esta edición, conversamos en exclusiva con el director de la obra encargada de inaugurar el encuentro. En la entrevista, el realizador habla sobre el origen del proyecto, la relación entre intimidad y memoria, las decisiones formales que sostienen la película y el significado de presentarla ante un público reunido en torno al cine contemporáneo.

La mirada detrás de la película

¿Cuándo empezó a existir esta película?

«Empezó mucho antes de que pudiera llamarla película. Primero apareció una imagen, después una sensación y, finalmente, una serie de preguntas que no sabía responder. Durante un tiempo pensé que el proyecto iba a ser un relato muy concreto, con una estructura sencilla. Al trabajar en él descubrí que necesitaba espacio para la duda, para aquello que no se explica por completo y permanece en la memoria del espectador».

El director describe el proceso como una búsqueda gradual, alejada de la necesidad de cerrar cada significado. La obra se construye a partir de gestos cotidianos, pausas y desplazamientos emocionales que adquieren fuerza por acumulación. La cámara observa sin invadir y deja que los personajes revelen sus contradicciones a través de lo que hacen, pero también de aquello que deciden callar.

¿Qué fue lo primero que quiso proteger durante el rodaje?

«La fragilidad. Hay historias que pierden su verdad cuando intentamos subrayarlas demasiado. Prefería que la película respirara, que los personajes tuvieran tiempo para equivocarse y que el espectador pudiera acercarse a ellos sin recibir instrucciones sobre lo que debía sentir».

Esa voluntad se percibe en una puesta en escena contenida, donde la luz, el sonido y el encuadre tienen una responsabilidad narrativa equivalente a la de los diálogos. La película inaugural no busca imponer una lectura única, sino establecer una conversación abierta desde su primera secuencia.

Una apertura pensada para Oviedo

Presentar la obra en Oviedo supone, para el cineasta, algo más que asistir a una proyección. «Un estreno siempre transforma la película, porque deja de pertenecerte de la misma manera. En un festival, además, entra en contacto con otras obras, con otras sensibilidades y con un público que llega dispuesto a descubrir algo nuevo», explica.

La elección de una película inaugural adquiere así un valor simbólico. No se trata solo de comenzar un calendario de sesiones, sino de activar una comunidad temporal alrededor de las imágenes. Desde la programación general de Semana Saco se plantea un recorrido en el que el cine de autor puede convivir con la creación escénica, el archivo, las propuestas inmersivas y la música en directo.

¿Qué significa inaugurar un festival con una obra de estas características?

«Significa aceptar que la película va a ser recibida en un contexto muy vivo. No se verá aislada, sino junto a cortometrajes, actividades formativas, encuentros y propuestas que también están pensando qué puede ser el audiovisual hoy. Me interesa esa convivencia porque obliga a la película a mantenerse despierta».

El director considera especialmente valioso que la primera sesión no funcione como una declaración cerrada. Para él, inaugurar es abrir un espacio de atención compartida: una sala que se oscurece, un público que deja atrás el ritmo cotidiano y una obra que propone su propio tiempo. En esa transición reside parte de la identidad de Semana Saco.

El tiempo, el cuerpo y la imagen

La película presta una atención constante a los cuerpos: cómo ocupan una habitación, cómo se acercan o se apartan, cómo soportan una espera. El realizador cuenta que esa dimensión física fue decisiva durante la escritura. «No quería que los personajes existieran únicamente a través de lo que dicen. Una mirada que se sostiene, una mano que duda antes de tocar una puerta o alguien que permanece sentado cuando todos se han marchado pueden contener una historia entera».

Esa concepción afecta también al montaje. La narración evita acelerar los momentos de mayor tensión y concede importancia a los intervalos. El silencio no aparece como una ausencia, sino como una forma de escucha. Cada pausa permite que el espectador complete una emoción sin que la película tenga que traducirla en palabras.

¿Cómo trabajó el ritmo?

«El ritmo fue una cuestión de confianza. Confianza en los actores, en los espacios y en quien está mirando. Hay escenas que pedían durar más de lo habitual y otras que necesitaban desaparecer rápidamente. El montaje consistió en encontrar la respiración de cada fragmento, no en imponer una velocidad uniforme».

La dimensión sonora refuerza esa respiración. Ruidos domésticos, ecos urbanos y sonidos fuera de campo contribuyen a construir un mundo que continúa más allá del encuadre. En lugar de utilizar la música para indicar una emoción, la película recurre a ella con moderación, dejando que los ambientes y los silencios sostengan buena parte de la tensión.

Trabajar con intérpretes y silencios

La relación con el reparto fue otro de los ejes de la conversación. El director explica que buscó una interpretación capaz de conservar cierta incertidumbre. «No pretendía que los actores llegaran a una respuesta definitiva sobre sus personajes. Me interesaba que pudieran estar dentro de una situación sin conocerla por completo, igual que nos ocurre a nosotros en muchos momentos de la vida».

Los ensayos se plantearon como un lugar para probar posibilidades, más que como una preparación rígida. Se exploraron movimientos, distancias y cambios en la entonación antes de fijar las escenas. Esa metodología permitió que algunos detalles surgieran durante el rodaje y conservaran una cualidad espontánea.

¿Qué papel tiene la improvisación en la película?

«La improvisación no significa hacer cualquier cosa. Necesita límites, igual que una conversación necesita escucha. Trabajamos con una estructura muy precisa, pero dejamos zonas abiertas para que aparecieran respiraciones, interrupciones o reacciones que no podían planificarse del todo. Muchas veces, esos pequeños desajustes contienen la verdad de una escena».

El resultado es una interpretación que evita el énfasis y se apoya en la observación. Los personajes no parecen explicar su conflicto al público; lo atraviesan. Esa elección conecta la película con una tradición del cine contemporáneo que entiende la actuación como una forma de presencia y no únicamente como la ejecución de un texto.

Cine, música y creación compartida

Semana Saco propone un diálogo permanente entre lenguajes artísticos, y esa perspectiva interesa especialmente al director. «El cine nunca ha sido una disciplina aislada. Incluso una película aparentemente silenciosa está llena de ritmos, texturas, cuerpos, arquitecturas y sonidos. Lo audiovisual puede relacionarse con una pieza musical, una performance o una experiencia inmersiva sin perder su identidad».

En su proceso creativo, el realizador consultó referencias procedentes de la fotografía, la literatura y la composición sonora. No buscaba trasladar literalmente recursos de otras artes, sino encontrar maneras distintas de pensar el tiempo y el espacio. Esa investigación también influyó en la elección de los encuadres y en la forma de tratar los momentos de transición.

El festival amplía esa conversación con actividades para públicos diversos. Sus cursos y talleres acercan herramientas de creación, análisis y experimentación a quienes desean comprender mejor cómo se construye una obra audiovisual. Para el director, esa dimensión pedagógica tiene una importancia central: «Un festival crece cuando permite que las personas vean, hagan preguntas, prueben y descubran que el cine también puede ser un territorio propio».

¿Qué le gustaría que permaneciera después de la proyección?

«No espero que todo el mundo salga con la misma interpretación. Me gustaría que quedara una imagen, una atmósfera o una pregunta que acompañara al público durante un tiempo. A veces una película continúa trabajando cuando ya ha terminado, en una conversación posterior o en una asociación inesperada con algo que vivimos después».

Mirar juntos una película nueva

La conversación termina regresando al comienzo: la primera imagen que puso en marcha el proyecto. El director la recuerda como una escena sencilla, casi accidental, pero cargada de una emoción difícil de nombrar. «Con el tiempo entendí que no tenía que explicar esa imagen, sino construir un camino para volver a ella. Toda la película nace de esa necesidad de regresar a un lugar y descubrir que ya no somos los mismos».

Esa idea de regreso conecta con la experiencia de una sala de cine. Cada espectador llega con su propia memoria, sus preocupaciones y su manera de interpretar los gestos. Una película inaugural adquiere sentido cuando esas miradas individuales coinciden durante un instante y convierten la proyección en un acontecimiento colectivo.

El archivo y la programación expandida de la plataforma SACO V permiten, además, seguir explorando las relaciones entre imagen, territorio y cultura audiovisual. La película de apertura se integra en ese mapa como una puerta de entrada: una obra concreta que invita a recorrer después otros formatos, épocas y modos de creación.

«Me gusta pensar que una película no termina cuando aparecen los créditos», afirma el director. «Termina, o cambia, cuando encuentra a alguien que la mira. Presentarla en Semana Saco significa confiar en ese encuentro y aceptar todo lo que pueda surgir de él».

La película inaugural será el punto de partida para una semana de proyecciones, conversaciones, talleres y experiencias compartidas en torno al audiovisual contemporáneo. Consulta la programación oficial de Semana Saco, reserva tu lugar y acércate a la sala con tiempo para dejar que la primera imagen abra su propio espacio.