Montar un festival independiente: conversación desde SACO
Organizar una cita audiovisual independiente en Oviedo exige mucho más que seleccionar películas y reservar una sala. La Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo, SACO, reúne cine contemporáneo, clásicos, proyecciones con música en directo, realidad virtual, teatro, conciertos y actividades educativas dentro de una programación que debe mantener una identidad propia.
Para conocer qué hay detrás de cada edición, conversamos con uno de los responsables de la organización. La entrevista aborda la financiación, la relación con los públicos, la elección de las obras y las dificultades de coordinar un festival que crece sin perder su carácter cercano.
El equipo trabaja durante meses para construir un programa capaz de conectar distintas formas de creación. Una película puede dialogar con una instalación, una sesión familiar con un taller, o una pieza de realidad virtual con una conversación sobre el futuro de las imágenes.
En ese equilibrio entre ambición artística y recursos limitados se encuentra buena parte del interés de SACO. La independencia permite tomar riesgos, aunque también obliga a resolver con creatividad cuestiones logísticas, económicas y humanas.
Una identidad que se construye edición a edición
—¿Qué significa ser un festival independiente en el contexto actual?
—Significa tomar decisiones desde una responsabilidad artística propia. No estamos sujetos a una línea editorial impuesta por un gran circuito ni a la obligación de responder a una lógica comercial inmediata. Eso nos permite programar obras arriesgadas, formatos híbridos y propuestas que quizá no encontrarían espacio en una cartelera convencional.
La independencia, sin embargo, no equivale a trabajar al margen. Un festival necesita alianzas, instituciones colaboradoras, profesionales técnicos, artistas y espectadores. La identidad se construye en conversación con la ciudad y con el sector audiovisual. Por eso resulta importante que la programación tenga una raíz local, pero también una mirada abierta hacia lo que ocurre fuera de Asturias.
—¿Cómo se evita que esa identidad se vuelva rígida?
—Revisando cada año lo que hacemos. Hay elementos que forman parte de la personalidad de SACO, como la atención al cine de autor, la mezcla de disciplinas o el cuidado de las presentaciones. Pero no queremos repetir una fórmula. La curiosidad obliga a incorporar nuevos lenguajes y a observar cómo cambian las formas de producir y de ver imágenes.
El presupuesto también define la programación
La financiación es uno de los asuntos más delicados para cualquier encuentro cultural. En un festival independiente, cada partida debe justificar su existencia: derechos de exhibición, transporte de copias, alojamientos, seguros, alquiler de equipos, traducciones, comunicación, personal técnico y atención a los invitados. El presupuesto no es una cifra abstracta; determina la escala real de cada actividad.
—¿Cómo se toman decisiones cuando los recursos no alcanzan para todo?
—Priorizamos aquello que consideramos esencial para la experiencia del público y para el respeto al trabajo de los artistas. A veces eso significa reducir el número de actividades para mejorar su calidad. Otras veces buscamos colaboraciones que permitan sostener una propuesta sin rebajar sus condiciones profesionales. La austeridad puede impulsar soluciones imaginativas, pero no debe convertirse en una excusa para precarizar.
El equipo también necesita explicar con claridad qué aporta cada colaborador. La transparencia ayuda a conservar la confianza y facilita que una empresa, una institución o una entidad cultural entienda el valor de respaldar un proyecto de estas características. En la información para prensa se refleja parte de esa relación con el entorno y se facilita el acceso a materiales útiles para comunicar el festival.
—¿La taquilla puede sostener una programación así?
—La taquilla es importante, aunque rara vez cubre por sí sola el coste total. Un festival tiene una estructura amplia y muchas actividades son gratuitas o tienen precios accesibles. La combinación de recursos públicos, patrocinios, colaboraciones y entradas permite mantener ese equilibrio. Lo fundamental es que el precio no se convierta en una barrera para participar.
Elegir obras sin perseguir tendencias
Programar no consiste en reunir títulos llamativos, sino en establecer relaciones entre ellos. El equipo observa festivales, distribuidoras, escuelas de cine, muestras especializadas y propuestas que circulan fuera de los canales más visibles. También recibe materiales de cineastas y productoras que buscan un espacio para obras difíciles de clasificar.
—¿Qué buscáis en una película o en una pieza audiovisual?
—Buscamos una mirada, una necesidad expresiva y una capacidad para abrir conversaciones. No exigimos que todas las obras sean formalmente parecidas ni que compartan un tema. Nos interesa que cada una tenga razones para estar en el programa y que, al encontrarse con las demás, genere un recorrido para el espectador.
La programación contemporánea convive con el cine clásico y el patrimonio audiovisual. Esa relación permite descubrir que muchos debates actuales ya estaban presentes en obras de otras épocas. Una sesión de cine mudo con acompañamiento musical, por ejemplo, no funciona como una simple recuperación nostálgica: puede convertirse en una experiencia escénica y sonora completamente actual.
La investigación previa forma parte del trabajo. A la hora de abordar nuevas tecnologías de imagen, el equipo consulta referencias artísticas y técnicas, incluso estudios especializados como este análisis sobre imagen médica, que muestra cómo la cultura visual contemporánea también se relaciona con ámbitos científicos. Esa curiosidad ayuda a presentar la realidad virtual y otros formatos con mayor contexto, sin reducirlos a una novedad espectacular.
Coordinar muchas disciplinas en una misma ciudad
Una de las singularidades de SACO es la convivencia de cine, música, teatro, realidad virtual, talleres y encuentros profesionales. Esa diversidad enriquece la experiencia, aunque multiplica las necesidades de producción. Cada formato tiene sus tiempos, sus equipos y sus condiciones de exhibición.
—¿Qué parte de la organización suele ser menos visible?
—La coordinación diaria. Hay que comprobar que una pantalla sea adecuada, que el sonido responda a las exigencias de una película, que un músico tenga su instrumento disponible, que una instalación pueda montarse con seguridad y que los invitados lleguen a tiempo. También hay que prever planes alternativos. Un festival sucede en directo y cualquier detalle puede afectar a una sesión.
Los espacios de Oviedo desempeñan un papel decisivo. No se trata solo de llenar salas, sino de pensar qué lugar favorece cada encuentro. Un concierto puede modificar la percepción de una película; una conversación necesita una disposición distinta a la de una proyección; una actividad infantil requiere accesibilidad, pausas y un ambiente acogedor.
La coordinación con el público empieza antes de la apertura. La web, las redes sociales y la comunicación local deben explicar horarios, edades recomendadas, reservas y características de cada propuesta. La sección de noticias de SACO permite seguir la actualidad del festival y ampliar la información sobre sus actividades.
Formar espectadores, no solo atraer asistentes
Un festival adquiere continuidad cuando el público siente que forma parte de él. Para conseguirlo, no basta con anunciar una película. Es necesario ofrecer herramientas para comprenderla, debatirla y relacionarla con experiencias propias. Las presentaciones, los coloquios y los encuentros con cineastas cumplen una función esencial en ese proceso.
—¿Qué importancia tienen las actividades educativas?
—Son una inversión a largo plazo. Un taller puede despertar la curiosidad de un niño, una masterclass puede orientar a una persona que empieza a crear y una conversación puede cambiar la forma en que alguien observa una película. No buscamos impartir lecciones cerradas, sino generar espacios donde el público pueda participar.
Las propuestas familiares exigen un cuidado específico. La duración, el volumen, el lenguaje y la mediación deben ajustarse a distintas edades. El objetivo no es simplificar el contenido, sino presentarlo de manera accesible. En ese sentido, iniciativas externas centradas en la infancia, como estos programas para niños, recuerdan la importancia de diseñar actividades que combinen acompañamiento, imaginación y participación.
—¿Cómo se mide el resultado de esa labor?
—Los datos de asistencia ayudan, pero no cuentan toda la historia. También observamos si la gente repite, si recomienda una actividad, si aparecen nuevos públicos o si alguien vuelve para participar en un taller después de asistir a una proyección. Hay efectos que tardan en hacerse visibles y que tienen más que ver con la confianza que con las cifras inmediatas.
La relación con los cineastas transforma las sesiones
La presencia de directoras, directores, intérpretes, compositores y técnicos convierte una proyección en un acontecimiento compartido. El público puede conocer las decisiones que hay detrás de una obra, pero el encuentro también beneficia a los creadores, que reciben reacciones directas y encuentran nuevas redes profesionales.
—¿Qué aportan los invitados al festival?
—Aportan contexto y humanidad. Una película no termina cuando aparecen los créditos. Escuchar a quien la ha realizado permite entender sus procesos, sus dudas y sus elecciones. También evita que la conversación se limite a interpretar el resultado final desde fuera. A veces una pregunta del público revela una lectura que el equipo no había previsto.
El festival debe cuidar la hospitalidad tanto como la visibilidad. Un invitado necesita información clara, tiempos razonables y un entorno donde pueda conversar sin sentirse sometido a una agenda agotadora. Las relaciones construidas en una edición pueden facilitar colaboraciones futuras y fortalecer el tejido audiovisual de la región.
—¿Qué ocurre cuando una obra provoca opiniones enfrentadas?
—Es una buena señal si el debate se desarrolla con respeto. No programamos para obtener respuestas uniformes. El cine contemporáneo puede incomodar, generar dudas o dividir al público. Nuestro trabajo consiste en ofrecer un marco para que esas reacciones se expresen y en evitar que la mediación cierre demasiado pronto el significado de una obra.
Sostener el proyecto sin perder la cercanía
El crecimiento de un festival trae oportunidades, pero también riesgos. Una programación más extensa puede dispersar al equipo y hacer que la experiencia resulte menos personal. Mantener una escala humana exige elegir con cuidado, escuchar a los asistentes y no confundir expansión con éxito automático.
—¿Cuál es el mayor reto para las próximas ediciones?
—Conservar la capacidad de sorprender sin perder la calidad organizativa. Queremos seguir incorporando lenguajes y artistas, pero también proteger los tiempos de encuentro. La cercanía es parte del valor de SACO: que una persona pueda hablar con un cineasta, que un taller conecte con una proyección y que las actividades se sientan relacionadas.
Esa búsqueda aparece también en proyectos que vinculan creación y territorio. La muestra LaMesta representa una manera de ampliar la conversación audiovisual y de explorar cómo las imágenes pueden dialogar con el paisaje, la memoria y las comunidades. Para un festival, estas conexiones ayudan a que la programación no sea una suma de eventos aislados.
—¿Qué mantiene unido al equipo después de tantos meses de trabajo?
—La convicción de que una experiencia cultural puede modificar la relación de una ciudad con las imágenes. Cuando una sala se llena para descubrir una obra desconocida, cuando una familia participa por primera vez o cuando un artista encuentra un público atento, entendemos que el esfuerzo tiene sentido. Esa energía es la que permite empezar de nuevo cada año.
La entrevista deja una idea clara: montar un festival independiente implica administrar recursos, anticipar imprevistos y tomar decisiones difíciles, pero también defender una forma de encuentro. SACO se sostiene en esa combinación de rigor y apertura, entre la planificación minuciosa y la posibilidad de que una sesión produzca algo inesperado.
Consulta la programación de la próxima edición, reserva tus entradas y comparte las actividades que más te interesen. Acudir a una proyección, participar en un taller o recomendar una sesión contribuye directamente a mantener vivo un espacio audiovisual independiente en Oviedo.