Cine y artes plásticas: un diálogo visual en la programación del festival
La Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo regresa con una edición donde la frontera entre disciplinas se vuelve porosa, casi invisible. El cartel de este año propone un ejercicio de contaminación cruzada: películas que dialogan con cuadros, instalaciones que prolongan la experiencia cinematográfica, ciclos que rescatan la memoria visual de movimientos artísticos. La idea de fondo sostiene que el cine nunca ha sido un lenguaje aislado, sino una conversación constante con la pintura, la escultura, la fotografía y todas las formas que trabajan con la imagen fija o en movimiento.
Esa convicción se traduce en una selección heterogénea, donde conviven retrospectivas de cineastas con vocación plástica, sesiones de cine mudo acompañadas por músicos en directo, propuestas de realidad virtual que funcionan como esculturas habitables y talleres donde se enseña a mirar como un pintor. La programación entiende el audiovisual contemporáneo no como un compartimento estanco, sino como un territorio donde el ojo se educa de muchas maneras. Quien recorra las salas, las galerías y los espacios no convencionales del festival descubrirá un mismo impulso creativo traducido a distintos materiales.
Pintura en movimiento: cuando el lienzo se vuelve filme
Una de las líneas más visibles de la presente edición es la dedicada a filmes que dialogan directamente con la obra de artistas plásticos. La selección incluye largometrajes que retratan a pintores fundamentales del siglo XX, pero también mediometrajes experimentales que toman como materia prima los gestos, las texturas y las paletas cromáticas de cuadros emblemáticos. No se trata de biografías convencionales, sino de aproximaciones que convierten el lienzo en protagonista y al cineasta en intérprete de una imagen previa.
Estas proyecciones van acompañadas de material complementario: reproducciones de los cuadros, fotografías de los talleres, documentales breves sobre las técnicas empleadas por los artistas. El espectador puede ver el filme y, al salir, reconocer en la sala contigua los referentes visuales que lo inspiraron. Esa continuidad física entre sala de cine y sala de exposición forma parte de la propuesta pedagógica del festival, que busca entrenar una mirada capaz de saltar de un lenguaje a otro sin perder la atención.
El programa también incluye obras de videoarte que llevan la pintura al terreno del bucle temporal. Artistas contemporáneos han producido piezas donde un cuadro famoso se descompone fotograma a fotograma, se reconstruye desde la abstracción o se somete a procesos de manipulación digital. Resultado: el espectador contempla la pintura como un organismo vivo, capaz de ser reinventado una y otra vez por las herramientas del audiovisual.
Cineastas con manos de escultor
Otro de los ejes del festival es la presencia de cineastas cuya obra se entiende mejor si se piensa en la escultura. Hablamos de autores que trabajan la duración como si fuese un material físico, que tallan el tiempo con paciencia de artesanos y construyen planos como bloques de materia. Sus películas rara vez apelan al espectáculo inmediato; prefieren dejar que la imagen respire, que el silencio pese, que la repetición se vuelva ritual.
La sección incluye tanto a veteranos reconocibles como a voces emergentes del cine europeo y latinoamericano. Entre los primeros, se proyectan restauraciones recientes de films poco divulgados que muestran el parentesco entre el montaje cinematográfico y la construcción por capas propia de la pintura. Entre los segundos, se exhiben obras que mezclan el archivo doméstico, la ficción y la observación etnográfica, generando retratos visuales donde la forma importa tanto como el contenido.
La selección se complementa con encuentros abiertos donde los propios cineastas conversan con artistas plásticos asturianos, generando un intercambio real entre creadores. Esos diálogos, registrados por el equipo del festival, pueden consultarse después en la sección de prensa, donde se archiva el pulso informativo de cada edición junto a críticas, entrevistas y materiales gráficos.
Instalaciones y realidad virtual como salas expandidas
El festival entiende que la sala de cine clásica ha dejado de ser el único contenedor posible para la experiencia audiovisual. Por eso, la programación reserva un lugar destacado a las instalaciones y a las propuestas de realidad virtual, concebidas como extensiones tridimensionales de la pantalla. Estas piezas invitan a caminar, a rodear, a tocar incluso, transformando al visitante en partícipe activo de la composición.
Las instalaciones presentes este año exploran la relación entre cuerpo, espacio e imagen. Algunas proyectan filmes sobre superficies no convencionales — esquinas, columnas, suelos suspendidos — que obligan al espectador a buscar ángulos nuevos. Otras recurren a sensores y a la luz para crear entornos que mutan en función del movimiento del público, recordatorio de que toda imagen es también un fenómeno físico, luminoso, dependiente del lugar que la alberga.
El apartado de realidad virtual merece capítulo aparte. Se han programado obras inmersivas donde la experiencia recuerda más a una visita a un museo expandido que a un videojuego. Hay piezas que reconstruyen talleres de artistas plásticos en tres dimensiones, otras que sitúan al usuario dentro de un cuadro en movimiento, y algunas que convierten la propia percepción del tiempo en material narrativo. La selección combina autores consagrados del medio con producciones independientes asturianas, en un ejercicio de democratización del formato.
La música en vivo como materia visual del cine mudo
La tradición del cine mudo con acompañamiento musical en directo ocupa un lugar central en la identidad de Semana Saco. Este año, las sesiones combinan pianistas, conjuntos de cámara y formaciones experimentales que improvisan sobre imágenes restauradas de los primeros cincuenta años del cinematógrafo. La música no se entiende aquí como mero adorno, sino como un componente plástico más, capaz de teñir la imagen, alterar su ritmo y dotarla de una tercera dimensión sonora.
La selección de películas privilegia títulos con fuerte carga visual, donde la composición de cada plano dialoga con las vanguardias pictóricas de la época. Hay filmes que beben directamente del expresionismo alemán, otros que evocan el simbolismo, varios que rozan la abstracción geométrica. Cuando los músicos interpretan en directo, su presencia física en la sala añade un nivel más de realidad: el cuerpo del intérprete se convierte en un elemento plástico que el público contempla mientras escucha.
El festival ha documentado en profundidad estas sesiones y ha publicado un análisis detallado sobre cómo la interpretación musical modifica la percepción del filme. Quien quiera profundizar en esa experiencia puede consultar el análisis publicado en el portal de la Semana Saco, donde se describe la metodología de trabajo con los conjuntos invitados y se recogen testimonios de espectadores y músicos.
Talleres y masterclasses: aprender a mirar con ojos de artista
El componente educativo del festival constituye una de sus apuestas más firmes. A lo largo de las dos semanas de programación, se ofrecen talleres prácticos y masterclasses donde artistas plásticos, cineastas y programadores comparten sus métodos de trabajo. La oferta está pensada para públicos muy diversos: desde niños que se acercan por primera vez al audiovisual hasta profesionales del sector que buscan nuevas herramientas narrativas.
Entre los talleres más demandados se encuentran los de dirección de fotografía con luz natural, los de montaje como ejercicio de composición plástica y los de escritura de guion pensada desde la imagen. La programación reserva igualmente propuestas específicas para familias, donde padres e hijos experimentan juntos con técnicas de animación artesanal, collage y pintura sobre película. El objetivo transversal es claro: devolver a la mirada su cualidad activa, enseñarle a demorarse, a comparar, a preguntar antes de aceptar.
Las masterclasses, abiertas al público general, corren a cargo de figuras invitadas que han cruzado con naturalidad la frontera entre cine y artes visuales. Sus intervenciones suelen incorporar materiales inéditos, fragmentos de películas en proceso, cuadernos de bocetos y pruebas de color. Tras las charlas se abren coloquios donde el público puede intercambiar impresiones con los creadores, prolongando así el espíritu dialogante del festival más allá de las pantallas.
El cruce entre cine y artes plásticas que propone la programación de este año no es un capricho curatorial, sino una declaración de principios. Quien se acerque a las salas, las galerías y los espacios alternativos de la Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo descubrirá que mirar una película puede ser tan formativo, tan transformador, como contemplar un cuadro. Las entradas para las distintas sesiones, los pases para los talleres y los horarios de las actividades están disponibles en la web oficial del festival, donde también se puede consultar el archivo de ediciones anteriores y revisar la cobertura de prensa más reciente. La invitación queda abierta: recorrer este cruce de lenguajes con la atención despierta y dejarse llevar por las asociaciones imprevistas que surgen cuando el cine y las artes visuales se dan la mano.